“EL
REFUGIO TRAS LA ALARGADA SOMBRA”
Dark
Souls II
Dark Souls II salió el 11 de marzo de 2014, aunque esta
vez, no es Hidetaka quien lo dirige.
Este juego vino con grandes expectativas dignas de la
nueva película de Star Wars, con una fiel comunidad de fans aunque bastante más
pequeña. Se enseñaron increíbles traílers en los cuales se daban a entender la
gran mejora gráfica, animaciones mejoradas y un combate más realista y
visceral.
Al final resultó que la vida no es tan genial y todo lo mostrado hasta el
momento no era el resultado final. La gente no llegó a niveles tales como el
The Witcher 3, o Alien Colonial Marines, en los cuales hubo incluso denuncias
por estafa, sí señor. La comunidad de fans estaba tan cegada porque madre mía,
¡3 años esperando a la secuela de su juego favorito y por fin ahí estaba, el mundo les sonreía! Y lo
pasaron por alto haciendo la vista gorda.
Las primeras impresiones eran geniales, tanto de la
comunidad como de la crítica. Porque repito, todo el mundo estaba cegado y
eran unos ilusos y siguen siéndolo si creen que van a vivir para jugar al Half
Life 3…
Pero con el tiempo la comunidad recobró un mínimo criterio
y descubrió que su esperada secuela no era tan genial. La historia es más pobre
e irregular que la anterior, los momentos de verdadera épica son menos
numerosos y están más separados entre ellos aunque, no me llaméis hipócrita,
sinceramente es interesante. Intenta una narrativa mas pasiva y silenciosa la
cual se desarrolla en un mundo, sí, con un contexto, pero realmente no avanza,
ni siquiera la historia de la mayoría de personajes avanza de manera
considerable.
Una mejora clara es, en mi opinión, la personalización de
tu personaje. Si en la anterior saga la estrategia varía según la clase que
elegiste al principio del juego, ahora podrás evolucionar de forma más
significativa y las alternativas serán más numerosas dentro de cada clase,
ramificándose así las posibles opciones.
El diseño de los distintos objetos y armaduras sigue
siendo magnífico, tanto en el aspecto como en el propio nombre. Por ejemplo,
un objeto que sirve para fortalecer a los enemigos en una hoguera se llama
Ascua de la Adversidad, ¿dónde firmo para más?
Ahora los equipamientos que encontrarás a lo largo de la
aventura serán más numerosos y variados, apoyando así la personalización , la
evolución y las diferentes alternativas.
También se mejora el rendimiento On-Line, aunque se pierde carisma en los pactos que lo apoyan.
El combate a mi modo de ver es más lento que en la
anterior entrega, siendo así un vals entre dos aguerridos caballeros refugiados
tras grandes escudos, limitando lo que supondría ser un combate épico a pegarse
al enemigo y empezar a pivotar esperando a que efectúe un ataque y así
encontrarle la espalda.
Antes mencioné la gran cantidad de objetos, esto conlleva
a que haya más objetos arrojadizos valga la redundancia, y estos objetos están
muy desequilibrados, es decir, hacen mas
daño que en la anterior entrega y por lo tanto, como los enemigos siguen sin
responder bien a los ataques a distancia, la salida fácil a muchas situaciones
es darles un buen uso. Casos tales como cuando se presentan dos enemigos de
grandes dimensiones a la vez el contacto físico sería arriesgado.
Aquí hay otro error por parte del Dark Souls II. Esta
entrega parece que no entendió la razón porque se hizo tan popular su
antepasado, equivocándose al creer que destacó por sus formas crípticas y
subyugando su dificultad. Este es el gran error. Este juego lleva la dificultad
al ridículo incluso a lo artificial, cuando en realidad este nunca fue el
fin de la anterior entrega. Trata de colocar enemigos en
determinadas zonas sólo para fastidiarte, por ejemplo poniendo a un enemigo que utiliza
estocadas en un pasillo en el que se reduce tu movilidad y capacidad de
ataque.
Me refería anteriormente a la dificultad como
“artificial”, con esto me refiero a que forzaban todas las situaciones para que
sean mas engorrosas, cuando en el primer Dark Souls no era un fin si no un clímax. Por ejemplo, te enfrentas a un legendario mata dragones y a un verdugo dignos de
la realeza y el combate no va a ser fácil.
En esta entrega los escenarios son menos coherentes, casos como el momento cuando asciendes por un molino de grandes dimensiones, y al arribar a lo alto te encuentras con un castillo sumergido en lava, lo lógico...
También se pierde la magnífica interconexión de escenarios del anterior juego y por lo tanto es estrictamente necesario el viaje entre hogueras.
En Dark Souls, a mi modo de ver siempre
trataban de hacer un combate más interesante, no por la dificultad si no por
el ambiente general. Por ejemplo la batalla contra Sif el Lobo Blanco crea un
ambiente de tristeza debido a que te estás enfrentando al fiel seguidor del
difunto Artorias el cual dió la vida por él. Tratando así de defender la intacta
grandeza de su amo, pero tu debes avanzar y conseguir el anillo que porta para
cruzar El Abismo, por lo tanto uno de los dos perecerá en el duelo. A esto se
suman los gráciles movimientos de tu combatiente en duelo, repito en duelo,
cosa de la que se desentiende el Dark Souls II siendo sus combates
mayoritariamente injustos, en los cuales el enemigo te supera en número, y ya
sabéis, dos contra uno…
Sí, es verdad, a las pruebas me remito, Dark Souls tiene
combates injustos pero estos eran DUELOS contra un espadachín superior como un
caballero negro. Los números están en tu contra pero eres tú el que con uso de
tu inteligencia ideas una estrategia para ganarle la espalda o aprovecharte del
escenario a tu favor.
En definitiva Dark Souls II es el hijo del Coloso que es
Dark Souls que se refugia tras su alargada sombra, tratando de triunfar como su
padre hizo, pero sin entender cómo lo logró…
-Mario Cembellín-











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